Soluciones para una correcta nutrición del adulto mayor con disfagia

La deglución es una función vital que posee el ser humano cuya relevancia pasa desapercibida en nuestro día a día. Tragamos sin darnos cuenta. Gracias a la deglución proporcionamos a nuestro cuerpo la cantidad necesaria de nutrientes y de energía para movernos y relacionarnos en nuestro entorno.

Una deglución es un evento que dura alrededor de 800 milisegundos y que se repite cientos de veces durante una comida. Llegamos a producir una media de 585 degluciones en un día.

Ya en el vientre materno somos capaces de deglutir líquido amniótico y de comenzar a relacionarnos con el mundo a través de señales sensoriales que nos proporciona el sentido del gusto. Esta función se mantiene en perfecta coordinación con nuestra respiración desde nuestro nacimiento hasta el momento en que fallecemos.

En ese largo camino que supone la vida, se va adaptando a nuestras preferencias, los alimentos de nuestro entorno y nuestras particularidades estructurales. Nuestra deglución nos define como individuos y nos permite relacionarnos con nuestro entorno compartiendo y disfrutando de los alimentos.

Cada persona construye su deglución de acuerdo a características estructurales, funcionales y ambientales, e influenciada por aspectos emocionales y la influencia de los alimentos que le rodean en su vida.

Desde un punto de vista evolutivo, el ser humano ha perfeccionado su función deglutoria a partir de cambios anatomofisiológicos si nos comparamos con antepasados como el australopithecus. Dichos cambios han facilitado que el ser humano posea uno de los mecanismos deglutorios más singulares y perfectos del reino animal.

Si bien esa singularidad de nuestra especie es beneficiosa para poder combinar la capacidad para poder comunicarnos, respirar y alimentarnos con un mismo órgano, también nos hace ser más vulnerables a cambios a los que nos enfrentamos por el paso de la edad. Un mecanismo tan preciso es más vulnerable ante cambios producidos por enfermedades o el propio paso de la edad.

Dentro del proceso de envejecimiento normal que sufre todo ser humano, la deglución y nuestra manera de procesar los alimentos sufre modificaciones a partir de los 60-65 años, dependiendo de la estructura corporal y hábitos de cada persona. Por tanto, hablaremos de presbifagia cuando nos referimos a los cambios en la deglución normales por el incremento de la edad y que suponen que nuestro complejo orofacial va disminuyendo su destreza a la hora de manejar los alimentos.

Que hablemos del concepto de presbifagia como una circunstancia dentro de la normalidad humana no quiere decir que tengamos que dejar de prestarle atención. Todo lo contrario. La población adulta mayor necesita un seguimiento exhaustivo de la eficacia y seguridad de su mecanismo deglutorio para poder controlar la aparición de comorbilidades.

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