La importancia de la nutrición en el desarrollo cognitivo del bebé

La nutrición en el desarrollo cognitivo del bebé es un punto importante a supervisar. Los nutrientes ayudan a la formación correcta en el cerebro del niño.

El cerebro es un órgano activo que realiza, crea y hasta desaparece conexiones entre sus células nerviosas (las neuronas). Esto hace que se requiera de mucha energía y diversos nutrientes para estimular y potenciar las acciones cerebrales, que comienzan desde el inicio de la vida en el vientre materno. De allí, la importancia de la nutrición en el desarrollo cognitivo del bebé.

Los componentes de la dieta pueden influir en la capacidad cognitiva del ser humano. Por ejemplo, algunos tipos de grasas, de vitaminas, de minerales y de antioxidantes permiten formar ciertas sustancias relacionadas con el aprendizaje, el razonamiento y la memoria. Sigue leyendo para conocer cuáles son los principales nutrientes y sus fuentes alimenticias que permiten un óptimo desarrollo cognitivo en nuestros bebés.

La piedra angular de la supervivencia y el desarrollo de niños y niñas es una buena alimentación. Una buena nutrición da la capacidad de crecer, jugar y aprender, y participar en sus comunidades. También les hace más resilientes frente a las crisis.

Pese a ello, actualmente muchos niños no están recibiendo la nutrición que necesitan para sobrevivir y prosperar. Esto es especialmente cierto en el caso de aquellos más pobres y vulnerables.

Al menos uno de cada tres menores de 5 años presenta malnutrición en cualquiera de sus formas más visibles: retraso del crecimiento, emaciación o sobrepeso.

Los niños y niñas que sufren retraso del crecimiento tienen una estatura demasiado baja para su edad, y es posible que su cerebro nunca llegue a desarrollar todo su potencial cognitivo, lo que merma su capacidad de aprender en la infancia y les impide ganarse el sustento y contribuir plenamente a la sociedad en la adultez.

La emaciación afecta a millones de niños y niñas en todo el mundo, presentando delgadez extrema, inmunidades débiles y un mayor riesgo de morir. Es necesario un tratamiento y atención urgentes para sobrevivir.

Los índices de sobrepeso infantil están aumentando en todas las regiones del mundo –especialmente en los países de ingresos medianos– a medida que cambian los sistemas alimentarios y aumenta el consumo de alimentos elaborados ricos en grasas, azúcar y sal.

También pueden darse formas menos visibles de malnutrición, como el hambre oculta, cuando los niños y niñas tienen carencias de vitaminas y otros micronutrientes esenciales. Estas deficiencias de micronutrientes afectan a millones de menores de 5 años a nivel mundial, y provocan retraso del crecimiento, debilidad inmunitaria y dificultades en el desarrollo cerebral.

Actualmente, muchos países soportan la doble o triple carga de la malnutrición, debido a la concurrencia de problemas como retraso del crecimiento, emaciación, carencia de micronutrientes y sobrepeso.

Desde el embarazo y durante la infancia y adolescencia, las dietas deficientes constituyen una de las causas más importantes de la malnutrición en todas sus formas. Las dietas se configuran por la influencia de diversos factores –globalización, urbanización, inequidades, crisis medioambientales, epidemias y emergencias humanitarias– que socavan el acceso de las familias a alimentos nutritivos, seguros y asequibles.

La pandemia de COVID-19 ha agravado la crisis de malnutrición ya existente al poner en peligro los medios de subsistencia de las familias, trastocar la oferta y la asequibilidad de alimentos saludables e impedir la prestación de servicios nutricionales esenciales, con consecuencias nefastas para los niños y niñas más vulnerables.

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